Las piscinas tienen sus peligros

De todos es sabido que tener una piscina particular, además del coste que conlleva para sólo usarla apenas dos meses al año en España, es algo peligroso. Siempre nos tomamos la penultima cerveza, esa que nos sienta mal y nos hace hacer tonterías, como saltar desde la ventana de la habitación que da a tan peculiar recipiente de agua.

Pero como diría cierto científico:

Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y de lo primero no estoy del todo seguro.

Pues con estos dio de lleno. Bueno, que ya sabemos que con los políticos se superan cada día, pero es que lo de estos es de traca. Y es que has de pensar en todos los posibles efectos colaterales, situaciones curiosas y embarazosas de tus actos. Pero los que decidieron montar esta piscina en medio de la sabana africana, no lo pensaron. No pensaron que a la party se les podría presentar el coleguita paquidermo para tomar un refrigerio en un lugar donde las máquinas de refrescos no abundan.

Al menos ponte una valla bastante decente para evitar tener esa cara de pánfilo. Aunque no he podido contrastar si es que es una de esas maravillosas aventuras que ahora andan de moda por sitios de compra “colaborativa”.

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